Cuentos para Dormir

La luna que perdió su sonrisa: cuento de 4 minutos

Un cuento corto y dulce sobre una luna triste y un niño valiente que sube por una escalera de nubes a devolverle la alegría.

Ilustración de un niño abrazando a una luna sonriente

Una noche, sin avisar, la luna perdió su sonrisa. Se quedó quieta en el cielo, redonda y blanca, pero sin la mueca alegre que todos conocían.

El niño que se dio cuenta

Mateo, de seis años, fue el primero en notarlo. Estaba en su ventana, como cada noche, contándole a la luna las cosas del día: el dibujo que hizo, la pelea con su hermana, el pastel que comió. Pero esa noche la luna no le devolvió la mirada.

—Luna —susurró—, ¿qué te pasa?

La luna no respondió. Solo una lágrima plateada cayó del cielo y aterrizó suavecita sobre la nariz de Mateo.

La escalera de nubes

Mateo no lo pensó dos veces. Tomó una escalera invisible que solo los niños valientes pueden ver, y subió, peldaño tras peldaño, hasta llegar a la luna.

—Hola —dijo Mateo—. Vine a ayudarte.

La luna lo miró con ojos grandes y tristes.

—He olvidado cómo sonreír —murmuró—. Llevo tantas noches mirando al mundo, que se me olvidó que yo también puedo brillar de adentro.

El regalo

Mateo le dio un abrazo enorme, de esos que aprietan fuerte el corazón. Y le contó tres cosas alegres: el cosquilleo de la risa, el sabor del helado, y el sonido del “te quiero” en la voz de mamá.

La luna sintió un calorcito por dentro. Y poco a poco, despacito, una sonrisa volvió a dibujarse en su carita blanca.

—Gracias, Mateo —dijo—. Cada vez que olvide sonreír, recuérdame estas tres cosas.

Y desde entonces, cada noche, Mateo le susurra a la luna sus tres alegrías del día. Y la luna, agradecida, siempre, siempre, sonríe.

Buenas noches…

…cierra los ojitos. La luna ya está sonriendo. Mañana también.